Evolución del Turismo de Lujo

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Por José Miguel Balcera Barrero @JMBBRDT – Blog El rincón del Turista

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La palabra “lujo” se asocia a exclusividad, a un alto poder adquisitivo en segmentos de demanda que efectúan procesos de decisión de compra de productos y servicios de un alto coste, buscando en los mismos una serie de características concretas:

  • Prestigio.
  • Consumo de marcas que abastecen a reducidos segmentos de demanda.
  • Sentirse privilegiados con el uso y disfrute de dicha oferta exclusiva.
  • Delimitar con este tipo de actuaciones la diferenciación con otros estatus sociales.

El turismo es un sector caracterizado por su constante evolución en un mercado donde la demanda actúa inducida por la continua aparición de tendencias que marcan la senda de desarrollo que nunca deja de sorprendernos.

Ya en aquel Grand Tour desde el siglo XVII, precedente del turismo moderno, se podía divisar esa exclusividad en el uso y disfrute de la actividad turística, concretada en viajes culturales por parte de jóvenes de familias con un alto poder adquisitivo para conocer las principales capitales europeas del momento.

El turismo de lujo, como no podría ser menos, también ha ido experimentando una importante evolución con el paso del tiempo, pudiéndose divisar cuatro fases por las que el turista de lujo ha pasado desde ese inicio de la actividad turística moderna:

Lujo ostentoso. La definición del lujo se asocia a una clara ostentación, ya que el turista de lujo ostentoso trata únicamente de gastar y hacer partícipe a los demás de su poder adquisitivo a través de su gasto. Algunas características de este segmento es el uso de bienes exclusivos, de un alto coste, con el fin de encontrar la ansiada “distinción del resto de turistas, no teniéndose muy en cuenta la calidad de la oferta contratada.

En definitiva, el turista intenta dejar claro en todo momento que tiene dinero y puede tener acceso a todo tipo de servicios exclusivos que otros segmentos de menor nivel no podrían.

Lujo crítico. La mentalidad del turista de lujo va cambiando, llegando a la conclusión de que ya no es lo más importante adquirir una oferta cara sin una calidad determinada, por lo que la calidad adquiere un especial interés a través de una selección más exhaustiva de los productos y servicios a contratar para su correspondiente uso y disfrute.

Esta concepción del lujo crítico aparece en la mente del consumidor como resultado de una serie de sugestiones inducidas por otros segmentos de demanda de diferente poder adquisitivo que disfrutan igual o en mayor intensidad de su actividad turística, la cual no conlleva un coste tan elevado como la del turista de lujo.

Así es, estamos comenzando a apreciar el inicio de un cambio en la mentalidad del consumidor, el cual comienza a divisar la experiencia vivida como factor sólido determinante de su compra, ya que, al fin y al cabo, es lo único que perdurará en el tiempo en su mente.

Lujo con conocimiento. Con llegada del lujo con conocimiento, el turista protagoniza un cambio más que exponencial en su manera de disfrutar de la actividad turística, ya que adquiere una especial concienciación sobre la importancia de:

  • Conocer el destino que va a visitar.
  • Empaparse de la cultura del destino.
  • Vivir “in situ” la esencia de ese lugar donde disfrutar de su particular “experiencia”, siendo el protagonista en todo momento.
  • Hacer partícipes a otros segmentos de demanda que su dinero es la llave para disfrutar de una oferta exclusiva, aunque orientada al conocimiento y al aprendizaje.

Aquí observamos una clara transformación de la imagen que el turista quiere exteriorizar, estableciendo una jerarquía de necesidades y emociones, siendo el dinero el motor para el conocimiento, no la carta de diferenciación.

Lujo experiencial. Actualmente, el turismo de lujo se encuentra en una fase experiencial, siendo característica la misma por su despegue de la oferta del lujo, ya que se entra en el “reino de la experiencia”.

Las emociones adquieren finalmente el papel protagonista en esta segmentación de lujo, ya que el turista entiende que lo realmente es importante no es el precio del producto/servicio en sí, sino la capacidad que posea para generar emociones que se traduzcan en experiencias en el destino seleccionado.

Legamos así a un “desapego material”, a favor de un apego experiencial”, convirtiéndose el dinero una vía para el acceso a las experiencias y emociones, jugando la psicología un papel crucial en el desarrollo del turismo, ya que las emociones y experiencias están asentadas sobre una sólida base psicológica, en la cual intervienen multitud agentes turísticos. 

Y tú, ¿Apuestas por el turismo emocional?

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