Claves de la oferta slow

20 junio, 2017

claves de la oferta slow

Por Juan Vázquez – Business Analyst en Jeddins

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El turismo ‘slow’ forma parte de una filosofía de vida, donde el equilibrio es la pieza clave; por tanto para poder satisfacer sus demandas, no basta con disponer de una oferta puntual, sino que es necesaria la unión entre la iniciativa privada y el destino

Según se mencionó en el artículo Claves del Turismo Slow, el movimiento ‘slow’ es un estilo de vida, por tanto los productos y servicios ofertados por la empresa deben ser coherentes con este estilo de vida.

Claves de la oferta slow

La filosofía ‘slow’ es buscada por el visitante en todos los aspectos del viaje. Por tanto en este caso en particular, adquiere aún más fuerza si cabe la complementariedad empresa-destino, esto es, no es posible configurar una oferta particular enmarcada en la filosofía ‘slow’ si el entorno no acompaña, es decir, si el resto de empresas, servicios público-privados, etc., no siguen esta filosofía.

Según lo expuesto anteriormente, la primera premisa antes de iniciar la configuración de una oferta público/privada enfocada a satisfacer las demandas de un público ‘slow’ es, como siempre, conocer al cliente al que se desea dar servicio. Respecto a este punto, existen publicaciones académicas como la tesis de graduación de Melisa D. Sosa ‘Tiempo libre, movimiento slow y calidad turística: Realidades, oportunidades y relaciones’; la tesis fin de carrera ‘Turismo Slow’ de Yasmín Marchetti y Luis Roldán; o el considerado libro de cabecera del movimiento slow ‘Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad’ de Carl Honoré, entre otros.

Realizar un arquetipo completo del turista ‘slow’ excede las limitaciones de espacio del presente artículo, pero si es posible esbozar los rasgos principales del mismo, según la documentación existente. En primer lugar el turista ‘slow’ concibe la vida como un equilibrio, entendido como encontrar el tiempo justo para cada una de las actividades de la vida diaria. ¿Y qué se considera tiempo justo? Pues aquel que la persona estime oportuno dedicarle. Por tanto los productos y servicios turísticos ofertados no deberían estar acotados en el tiempo de cara a su realización, es decir, se debe huir de los tours planificados al minuto, de los horarios rígidos, de los tiempos de visita limitados, etc.

A la hora de ofertar un servicio, si este tiene un tiempo de duración determinado, como el caso de una sesión de spa, la visita a un monumento, el check in check out de un hotel, etc., se debe ofrecer la posibilidad de modificación del horario o tiempo de permanencia, por supuesto con las correspondientes restricciones. Por ejemplo, existen hoteles que permiten realizar el check out más allá de la hora prefijada, siempre que se avise con una determinada antelación y asumiendo el sobre-coste correspondiente. Cuando no sea posible esta posibilidad de modificación, la información relativa a los horarios de uso del producto/servicio debe ser clara, y estar accesible para su consulta.

Otro de los rasgos distintivos del turista ‘slow’ es su interés por la inmersión cultural. Por ello a la hora de configurar una oferta, se ha de tener en cuenta la posibilidad de relación del visitante con la comunidad local. Un ejemplo lo ofrece la escuela Entrelenguas, donde ofertan actividades abiertas tanto a los visitantes como a la comunidad local. Esto permite, utilizando como hilo conductor la actividad, el crear un ambiente propicio para que visitantes y residentes entren en contacto e intercambien experiencias, conocimientos, etc.

Para favorecer la actividad ‘slow’, el turista se mueve en pequeños grupos, de no más de 8 personas, por lo que la demanda no contempla el turismo denominado ‘de masas’. En este modelo la rentabilidad no está en la cantidad, sino en ofrecer productos de calidad. El reto consiste en llegar a ese público, todavía minoritario, que está dispuesto a pagar el incremento de coste asociado a la personalización del servicio.

El turista ‘slow’ está comprometido con la sostenibilidad, entendida en un sentido holístico, por tanto adquiere especial importancia el impacto de la actividad en el entorno. Este impacto es tenido en cuenta tanto en su eje ambiental, donde adquieren valor las medidas tomadas por la empresa para evitar la contaminación del entorno a través de políticas de eficiencia energética, reciclaje, evitar el uso de pesticidas, etc.; como en su eje económico donde adquieren relevancia las inversiones socialmente responsables (aquellas que no sólo tienen en cuenta  los criterios económicos, sino también los medioambientales, sociales, etc.); y en su eje social, donde adquiere importancia la repercusión de la actividad en la economía local a través del pago de sueldos justos a los empleados, contratación de personal residente en la localidad, pago de precios justos a los proveedores que deberían ser principalmente locales, colaboración con causas sociales del municipio, etc.

Otra de las premisas es el apoyo del entorno. No es posible ofertar servicios/productos bajo la filosofía ‘slow’, en un entorno masificado, o de gran contaminación ambiental; al igual que no resulta atractivo para el visitante poder realizar un conjunto de actividades ofertadas por una determinada empresa y enmarcadas dentro de su filosofía de vida, si fuera de ella está sometido a unos horarios rígidos, una oferta gastronómica impersonal, una oferta cultural casi inexistente, etc. Por ejemplo, no serviría de nada ofrecer la posibilidad de alojarse en un establecimiento que le permite modificar su hora de check-out, al tiempo que oferta una excursión a un paraje natural donde el cliente puede realizar la visita tomándose el tiempo que estime necesario, si la oferta gastronómica está basada en franquicias que ofertan una carta ‘común’ a toda la cadena, en un entorno con escasa oferta cultural compuesta principalmente por tours donde se optimiza el tiempo para realizar todas las visitas en la misma jornada, etc.

Como se ha mencionado, el movimiento ‘slow’ es una filosofía de vida, por ello la iniciativa privada debe estar integrada plenamente en el destino si se desea satisfacer las necesidades de esta tipología turística con garantías de éxito.


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